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GABARRÓ ADVOCATS – HERÈNCIES

La legítima catalana. ¿Negociamos?

Núria Roma i Cortada dirige el Departamento de Negociación de Gabarró Advocats -Herències-, con el objetivo de alcanzar el máximo de acuerdos en el reparto del patrimonio hereditario entre los herederos, de reclamar o pagar las legítimas y de planificar las futuras sucesiones a través de los testamentos y, en su caso, de pactos sucesorios. Su formación en materia sucesoria, su talante negociador y su psicología la han llevado a especializarse en una materia donde el sentido común y la vertiente humana son imprescindibles para defender los intereses de los favorecidos en las herencias en las que, si bien hay un contenido económico, a menudo intervienen factores personales que no se pueden obviar.

1. La legítima es un derecho cada vez más controvertido.

En Inglaterra no hay legítima. Y en Catalunya, va tomando fuerza la tesis de que habría que eliminar la legítima para poder disponer libremente del 100% del patrimonio, al considerar que actualmente los padres la están dando a los hijos en vida, en forma de estudios, manteniéndolos hasta una edad avanzada, mientras que antes los hijos iniciaban la vida laboral siendo muy jóvenes, contribuyendo al aumento del patrimonio familiar al entregar el sueldo en casa y, por tanto, a falta de los progenitores, el heredero -que solía ser el primogénito- pagaba la legítima al resto de los hijos, en parte, como recompensa de aquel esfuerzo económico. Que la sociedad perciba la legítima desde dos posiciones tan contrapuestas como un derecho a cobrarla o como una obligación de tener que pagar, conlleva la necesidad de la concienciación colectiva de tener que negociar tenazmente para evitar su judicialización.

En Catalunya va tomando fuerza la tesis de que habría que eliminar la legítima para poder disponer libremente del 100% del patrimonio

2. La complejidad en el cálculo de la legítima.

A pesar de los cambios legislativos encaminados a debilitar la legítima, se ha mantenido inalterable que ésta es una cuarta parte a dividir entre tantos legitimarios haya, cuestión objetiva y sencilla. La controversia, sin embargo, suele aflorar en la fase inicial de formación del inventario de los bienes hereditarios y, acto seguido, a la hora de determinar el valor, que se calcula según el precio real de mercado a fecha del fallecimiento. Pero para obtener la base total para calcular la legítima, además de los bienes que tenía el causante a su nombre el día del fallecimiento, se computarán y añadirán el valor de las donaciones hechas por el difunto a sus hijos a cuenta de la futura legítima y las hechas durante los diez últimos años de su vida, a favor de cualquier persona.

3. Conflicto en el cómputo de los activos financieros.

Que una cuenta corriente, un depósito a plazo, acciones, fondos de inversión o cualquier activo financiero conste de dos o más titulares no implica directamente que la propiedad sea a partes iguales de los titulares. El ejemplo paradigmático es la cuenta corriente del progenitor, que no quiere estar solo de titular, haciendo constar a uno de sus hijos, que nunca ha ingresado ninguna cantidad. Pese a lo que se suele pensar, todo el capital es del progenitor y, por tanto, computa en su totalidad a efectos del cálculo de la legítima. La letrada Núria Roma advierte que las rentas vitalicias, PVIs, PIAs y otros productos de aportación de primas únicas también se incluyen a la hora de determinar la base de la legítima, por mucho que desde algunas entidades bancarias se informe que “operan a parte del testamento”. En los dos supuestos planteados es factible que a través de los extractos bancarios se pueda averiguar la viabilidad o no de la reclamación, aconsejando la negociación.

4. Consecuencia jurídica al desenmascarar las compraventas simuladas.

Años atrás era habitual que los padres pusieran a nombre de su hijo/a alguno de sus pisos, simulando una compraventa, pero sin que el hijo pagara ni un euro, en lugar de firmar una escritura de donación. En sede de legítima, estas compraventas ficticias pueden ser desenmascaradas y, en consecuencia, declarar la nulidad de la compraventa y que el piso vuelva al patrimonio del causante, con lo que su valor formaría parte del cómputo de la legítima.

Cobrar la legítima con dinero es la forma más solicitada y la más utilizada en la práctica, pero en herencias con poca liquidez no es tan sencillo

5. Consideraciones al hacer donaciones a los hijos para adquirir la primera vivienda y/o el negocio.

Constituye una donación a cuenta de la futura legítima cuando los padres regalan a los hijos su primer piso o dinero para adquirirlo y/o el negocio o dinero para emprenderlo, excepto que en la escritura notarial se especifique lo contrario. Por lo tanto, resulta imprescindible establecer en el mismo acto de la donación las características que se pretenden en base a la voluntad e intencionalidad de los padres, sin dar lugar a otras interpretaciones.

6. El heredero puede escoger con qué paga la legítima, pero con limitaciones.

Salvo que el legitimario lo permita, el heredero no puede pagar la legítima, por ejemplo, con un piso que ya tenía, sino que debe ser con bienes de la herencia o con dinero (heredados o de su patrimonio). Y, en todo caso, este piso debería ser entero. Ante los condicionantes legalmente establecidos, es necesario negociar para evitar un desenlace más costoso. Cobrar la legítima con dinero es la forma más solicitada y la más utilizada en la práctica, pero en herencias con poca liquidez no es tan sencillo, optando, si se puede, por obtener financiación bancaria a través de préstamos hipotecarios sobre un inmueble heredado.

7. La importancia de regular el derecho de legítima en los testamentos.

Núria Roma afirma con contundencia que hay que hacer testamento donde, además de repartir el patrimonio, es necesario especificar determinados aspectos que afectan a la legítima, ya sea el desheredamiento de un hijo o, simplemente, si se quiere o no que la legítima devengue intereses, porque cuando un legitimario pide al heredero la legítima, pongamos el caso, de 100.000 euros, justo antes de que transcurran los diez años previstos legalmente para reclamarla, esta legítima se incrementa en unos 35.000 euros de intereses que, de haberse prohibido en el testamento, se los ahorraría. Paradójicamente, en la coyuntura económica actual, el interés bancario es inexistente, mientras que el interés legal previsto para el 2019 es del 3%.

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