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Por Ariane Basaguren

Niños demasiado dulces

¿Qué se esconde en la bollería industrial, los zumos envasados y las chucherías? Demasiado azúcar que pone en riesgo la salud de los más pequeños.

Un bollo industrial cubierto de chocolate, un zumito envasado de melocotón y un puñado de chucherías para merendar. En total, 90 gramos de azúcar añadido, casi cuatro veces más de la cantidad diaria que la comunidad científica recomienda para los niños. Las prisas, la globalización y la falta de concienciación hace que a menudo los padres añadamos más azúcar de la cuenta en la dieta de los más pequeños, una costumbre que pone seriamente en riesgo su salud futura. Porque el azúcar añadido –suele estar escondido, disimulado y mal etiquetado- provoca caries y obesidad, pero también más posibilidades de sufrir enfermedades como cardiopatías, hipertensión, diabetes y disfunciones pancreáticas, así como falta de concentración y bajo rendimiento escolar, hiperactividad, ansiedad y depresión.
Conscientes de ello, la comunidad científica y la Organización Mundial de la Salud (OMS) se aliaron en 2015 y alertaron de la urgente necesidad de reducir el consumo de azúcares añadidos entre los niños: se recomienda no superar los 25 gramos al día (sean sólidos o líquidos), lo que corresponde a alrededor de 100 calorías o seis cucharaditas de azúcar. En esta ecuación no entrarían las perjudiciales bebidas azucaradas –cuidado con las que ponen sin azúcar añadido, porque suelen ser engañosas–. Así, los niños deberían consumir, a lo sumo, 23 centilitros semanales. O lo que es lo mismo, menos de una lata. Sí, por semana.

Los niños no deberían tomar al día más de 25 gramos de azúcar añadido, lo que equivale a seis cucharaditas

Cambio de hábitos
Con datos como estos, es probable que más de un padre o madre se eche las manos a la cabeza, pero nunca es tarde para cambiar de hábitos. Lo primero es saber dónde se esconden estos azúcares añadidos. Presentes en forma de monosacáridos, como la fructosa y la glucosa, o de disacáridos, como el azúcar de mesa o la sacarosa, son fuente importante de calorías innecesarias. Normalmente, los fabricantes los añaden en productos envasados y procesados, o suelen ser los propios adultos quienes suman alguna cucharadita de más para endulzar el mejunje infantil. Para contrarrestar esta tendencia, nada mejor que acudir al mercado de proximidad y menos al supermercado. Para que los pequeños consuman fruta, no hay mejor garantía que comérsela a trozos o exprimirla en vez de optar por zumos envasados que poca fruta tienen en su interior. Precisamente ese azúcar de más no tiene ningún valor nutricional y carece de vitaminas y minerales. Favorece una dieta poco saludable, quita el hambre de los niños y les reduce la ingesta de alimentos sanos. Si ya hace dos años se estimaba que 42 millones de niños menores de 5 años sufrían sobrepeso u obesidad en todo el mundo y que en los últimos 15 esta cifra había aumentado en 11 millones, en 2017 la OMS habla ya de alarma mundial.

No prohibir
Obviamente, una cosa es decirlo y otra muy distinta es hacerlo, y más si se trata de niños. Es labor de los padres hacerles entender que los productos con demasiado azúcar añadido no son beneficiosos para su salud, pero, de vez en cuando, a nadie le amarga un dulce. Para lidiar con la reacción de los más pequeños, conviene no prohibir porque provocaremos el efecto contrario: los niños verán estos dulces como algo más deseable y es justo lo que queremos evitar. Para ello, es mejor alejar chucherías, refrescos o dulces procesados ¡ de su vista. Si no hay en casa, difícilmente ansiarán consumirlos. Más allá del propio hogar, una buena medida es informarse tanto en el colegio como con otras personas adultas que estén en contacto con los niños. Además, si nos acostumbramos a leer el etiquetado de los productos, pronto sabremos cuáles son demasiado dulces y cuáles no. Hay que prestar atención, porque muchas veces nos sorprenderemos: ejemplo de ello es el exitoso portal sinazucar.org, que informa de forma muy visual de la cantidad de azúcar añadido en conocidos productos con el equivalente en terrones de azúcar.
Un detalle a tener en cuenta: no es lo mismo consumir un dulce por la mañana que por la noche o tras hacer ejercicio. En este sentido, soluciona dosificar a conciencia. Con dulzura, pero también con firmeza.

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